Mujeres árabes y su lugar en la alcoba

Cualquiera diría que estamos hablando en un lenguaje del siglo pasado, cuando eso de «la alcoba» sonaba a escandaloso y obsceno, por querer hacerlo pasar por un eufemismo para hablar de la vida sexual en pareja, generalmente de los matrimonios. Nosotros, en occidente, no podíamos concebir otra cosa, al menos de manera decente, como dirían los de antaño; ya en tiempos modernos, los asuntos de cama cada vez se airean con más libertad, y ya no es tan común que la verdad, poco nos importa lo que pase en los dormitorios de los demás.

¿Y cómo es eso para las mujeres árabes? Bien, puede que desde nuestro punto de vista, tengamos una concepción equivocada hacia el sexo de los árabes, como numerosos escritores y periodistas nos han hecho ver. Tenemos la creencia de que las mujeres árabes tienen muy poco que hacer y decidir conforme a su vida sexual, que debe estar supeditada al placer de su pareja y que no hay manera de que una esposa pueda ir más allá de la puerta de su casa sin permiso de su marido, mucho menos imponer algo que tenga que ver con la sexualidad entre las cuatro paredes de un dormitorio… pero puede que estemos en un gran error.

No sé si estas familiarizado con el porno árabe, pero no te costará entrar en cualquier web porno y echar un vistazo a esa categoría de videos xxx. Parece que están en pleno auge, gracias a la concepción que tenemos sobre este tipo de pornografía. Además, como tiene aire oriental, esperamos ver mujeres desnudas que hacen movimientos sinuosos para seducir a su hombre, y luego se pliegan a todos sus deseos siendo poco más que sus esclavas sexuales, en un ambiente místico, quizá con velas, sedas y toda clase de elementos orientales… y nos damos con un canto en los dientes. Porque, amigos, las mujeres árabes follan como las occidentales, se abren de piernas como las occidentales, y ponen los cuernos como las occidentales… y para colmo, en la cama se hace lo que dicen ellas, justo como te pasa a ti con todas las tías de tu entorno con las que acabas en la cama. Y esa es toda la historia.

No nos engañemos: la sociedad árabe puede ser una cosa, y la manera en que las mujeres se comportan en la intimidad, otra. Y sospecho que aquí, en Alemania, en Arabia o en la Conchinchina, las féminas se las ingenian para llevar la voz cantante y, lo que es peor, hacer que los hombres piensen que son ellos los que la llevan. Por eso, porque todavía son los hombres los que dictan las normas en casi su totalidad, y dirigen los gobiernos y los países, creen que en temas de sexo también son ellos los dueños del cotarro, y así lo venden. Pero que Dios, Alá o Manitú los coja confesados y les haga el milagro de que eso no llegue a oídos de sus mujeres, o les tocará hacerse trabajos manuales como poco durante una temporada. Más les vale aceptar el poder femenino dentro del dormitorio, o acabarán pidiéndolo de rodillas a poco que se descuiden.

Hubo un momento en la historia en que se consideraba a los hombres árabes unos libertinos, y a las mujeres árabes unas seductoras natas; aunque claro, todo esto desde la óptica cristiana de la época. En la actualidad, esa misma óptica nos hace ver el sexo árabe como algo oscuro y poco abierto, lleno de prejuicios y tabúes. Estamos perdidos, está claro, y todo gracias al desconocimiento y a nuestra manía de juzgar todo por las apariencias y de manera precipitada. Más bien cada uno debería preocuparse de lo que pasa en su alcoba, y dejar en paz las alcobas de los demás.